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Clima lumínico en producción avícola: ¿un aspecto olvidado?

  • Foto del escritor: Benjamín Ruiz
    Benjamín Ruiz
  • 13 may
  • 5 Min. de lectura

La iluminación es importante para que las aves reconozcan su entorno y con ello mejoren desempeño, crecimiento y producción, y se adapten a la caseta


Foto de geralt en Pixabay
Foto de geralt en Pixabay

 

La iluminación en las granjas avícolas es una herramienta muy valiosa y poderosa, que impacta directamente en el comportamiento, desempeño y biorritmo del ave. “Para el productor es además un medio de comunicación con las aves, con respuestas conductuales inmediatas” dijo Cristabel Huerta de Hato Lighting en su presentación en la última Cumbre Avícola Latinoamericana.

 

Una granja conlleva alimento, pollitas o pollitos, equipamiento, ventilación, entre otras cosas. Pero al hablar de clima, se piensa solo en temperatura, aire o humedad, y por lo general nos olvidamos de la iluminación.

 

¿Para qué se necesita luz en las casetas avícolas? Idealmente, para imitar la luz del sol, poder simular el amanecer y el atardecer, activar al ave, predecir las actividades diarias e inducirles al descanso.

 

¿Qué es la luz?

 

La luz es la parte visible del espectro electromagnético, la visión en color. El espectro de la luz solar abarca desde los rayos ultravioleta hasta los infrarrojos. El espectro visible es más corto y cada color tiene una onda electromagnética que se identifica en nanómetros. Esta combinación de colores conforma la luz blanca, que es policromática y es la que percibimos con el sol.

 

Los humanos percibimos una longitud de onda más corta, pero las aves una más ancha. Va a depender del proceso biológico de cada especie, de la fisonomía del ojo y del posicionamiento de los conos y los bastones. La fisonomía del ojo percibe distintas combinaciones de colores y de intensidad de la luz.

 

La luz en las aves: el tercer ojo

 

Las aves son más sensibles y perciben cambios de luz más fácilmente. Cuentan además con un tercer ojo (la glándula pineal) que percibe la luz directamente por el cráneo y abarca desde la ultravioleta hasta el infrarrojo. Las ondas largas del espectro amarillo, naranja y rojo penetran más fácilmente el cráneo, espectro que está más presente en la luz blanca cálida, recomendada para postura o reproductoras, por su fácil penetración y estimulación de la postura, incubabilidad y producción.

 

Tienen una sensibilidad espectral mucho más amplia, lo que quiere decir que debemos tener luz natural con soporte de luz artificial en granja para mejorar la visión. En casetas totalmente cerradas, se necesita iluminación que les brinde un espectro amplio de luz blanca para mejorar la visión.

 

Con luminarias LED —la tecnología de hoy en día en granjas— las aves pueden tener hasta el ultravioleta y mejorar la visión aún más. Se van a desempeñar mejor, estarán más relajadas y tendrán un mejor desempeño, sobre todo en reproductoras.

 

La luz blanca fría se recomienda en crianza debido a la presencia espectral de azul y verde, que es lo que activa al ave y fortalece la musculatura y los huesos. Sin embargo, si no se controla o se maneja adecuadamente, también puede generar comportamientos indeseados, como agresividad, picaje, aglomeraciones, lesiones plantares y luego, en malas situaciones, como cama húmeda. Esto incrementa la mortalidad.

 

El ave en el centro de la ecuación

 

Las aves van en el centro de la ecuación, pero no se puede tener una misma solución para todo tipo de alojamiento ni tampoco para las distintas aplicaciones.

 

“Los focos o bombillos tradicionales que se consiguen en la ferretería no son precisamente los adecuados para las necesidades del ave, ni de la caseta o galpón”, dijo la experta de Hato.

 

No debe verse como un costo, sino como una inversión. “Si no invertimos en soluciones que ayuden a generar un mayor confort y a tener aves más sanas, no lograremos maximizar la productividad inherente en la genética”, dijo Cristabel Huerta.

 

Los programas de luz se dan de acuerdo con la etapa de vida del ave. Foto de Benjamín Ruiz.
Los programas de luz se dan de acuerdo con la etapa de vida del ave. Foto de Benjamín Ruiz.

Sistema de control lumínico

 

La iluminación forma parte integral de crear un clima que sea agradable y esté en armonía con las aves y su entorno. La luz marca el ciclo del día y la noche y, por lo tanto, los períodos de actividad y de descanso, o los ciclos productivos, algo muy importante para regular hormonas, biorritmo, fotoperíodo, inmunidad y hábitos de consumo de alimento, lo que estimula el comportamiento natural.

 

Los programas de luz se dan de acuerdo con la etapa de vida del ave. En la iniciación es fundamental darles muchas horas de luz para mejorar la visión del ave, que se adapte a su nuevo entorno y que pueda encontrar el agua, el alimento, identificarse con las otras aves y con ello darles mayor comodidad, confianza y agilidad.

 

Conforme crecen, se disminuyen las horas de luz, aunque se sabe científicamente que tienen fotoperíodos muy largos de más de 20 horas por factores del bienestar animal tales como comer, dormir, jugar, acicalarse o darse baños de polvo, para estimular este comportamiento natural.

 

Por otro lado, el período de oscuridad recomendado es de 3 o 4 horas. Se sabe que en ciertos ciclos productivos se usa el ciclo intermitente, pero va a depender de las prácticas de manejo que se tengan. No obstante, debe haber una iluminación uniforme, que llegue con la intensidad de luz adecuada en la zona correcta y que siga los programas de luz que dicte la línea genética.

 

Debe llegar a las zonas correctas para estimular el comportamiento y que las aves identifiquen su entorno, puedan acceder al alimento o que haya una distribución uniforme en la caseta, evitando zonas de mucho brillo o de oscuridad que lleven a comportamientos indeseados.

 

Plan de iluminación

 

Para crear el clima de luz adecuado, se debe realizar un plan de iluminación personalizado y adaptado a las necesidades de las aves y del alojamiento.

 

Al igual que con los programas de luz, un mismo bombillo no va a servir para todo tipo de alojamiento. El foco o bombillo tiene que ser el ideal para encontrar la mejor difusión de luz, ya sea un haz amplio con menos intensidad luminosa, o bien un haz más angosto, pero con mayor luminosidad.

 

Todo va a depender de dónde se requiera crear el estímulo y del tipo de alojamiento –cerrado, semicerrado o abierto–, si solo es iluminación de soporte, si los nidos están al centro o a las orillas, etc. Donde se requiera crear mayor actividad en las aves, se necesita mayor luminosidad.

 

Si se desea que las aves usen los nidos, se tienen que crear zonas más oscuras para que pongan los huevos en el nido y no en el piso. Si el alojamiento es en jaula, el estímulo lumínico debe llegar a los comederos, pero recordando que no debe haber demasiado brillo, para no encandilar a las aves.

 

Es muy común que en las casetas o galpones tradicionales no haya uniformidad entre los niveles, por lo que muchas veces, en el nivel superior está muy brillante y hay picaje, mientras que en el inferior llega muy poca luz.

 

Los focos deben ser para uso en granja, que resistan ambientes extremos, al agua, a la limpieza, que sean de baja presión (herméticos) y que reduzcan riesgos de incendios.

 

Herramienta de control

 

Es muy importante saber que la iluminación es una herramienta con la que se puede manipular el comportamiento de las aves en granja. Si va a haber cambios de alojamiento, debe contar con climas lumínicos similares tanto en crianza como en producción.

 

En producción de huevo es muy importante que siempre esté presente el espectro rojo-naranja, además de que la luz blanca cálida mantiene a las aves más tranquilas.

 

En determinadas intervenciones, como en la captura de pollo de engorde, la luz blanca cálida facilita la tarea. Incluso, reduce costos operativos porque al haber menos estrés, hay menos alas rotas o menos marcas en pechugas, y mejora la calidad de la carne.

 

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