Extender la vida útil de la ponedora, clave para la rentabilidad
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- hace 3 días
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Por Valentin Theneau – Especialista en Producción Avícola (Groupe Techna)
En un mercado latinoamericano caracterizado por un consumo récord y una fuerte volatilidad en los precios de venta, extender el ciclo de producción de las ponedoras hasta las 100 semanas es una estrategia financiera y técnica ineludible. Descubra cómo el manejo temprano del peso corporal y las estrategias nutricionales precisas permiten diluir los costos de producción y maximizar los márgenes.

América Latina es una región líder en la industria mundial del huevo. Países como México continúan rompiendo récords globales, con un consumo per cápita que oscila entre los 380 y 400 huevos anuales. Sin embargo, los productores e integrados de la región se enfrentan a un desafío constante: la inconsistencia y volatilidad del precio del huevo en el mercado, fuertemente influenciado por el costo de las materias primas, los brotes de influenza aviar y la dinámica de la oferta local.
Frente a un precio de venta inconstante, la principal vía para proteger los márgenes de rentabilidad radica en controlar y reducir el costo de producción por kilogramo de huevo. Históricamente, los lotes se descartaban alrededor de las 70 u 80 semanas. Hoy, gracias al progreso genético, el objetivo de la industria es claro: alcanzar y superar las 100 semanas de vida productiva sin muda forzada, manteniendo una excelente calidad de cáscara.
El impacto económico de la persistencia de la postura
La base de la competitividad al extender la vida útil de la gallina es el concepto de amortización de la pollona. La fase de cría y recría es un período improductivo y representa un costo fijo e incompresible. Al aumentar la edad de descarte, se genera un "efecto de dilución" de este costo inicial sobre un mayor volumen de huevos producidos.
El análisis de los datos del estándar genético actual revela cifras contundentes sobre esta evolución. Al extender la vida útil, la dilución del costo de la pollona compensa holgadamente el costo alimentario, reduciendo de forma importante el costo de producción total por kg de huevo:
Edad de descarte | Huevos acumulados | Masa exportada | Consumo de alimento acumulado | Índice de conversión (IC) |
60 semanas | 253 | 15.6 kg | 35.7 kg | 2.289 |
80 semanas | 364 | 22.7 kg | 52.3 kg | 2.304 |
100 semanas | 460 | 29 kg | 68.6 kg | 2.366 |
Esta tendencia mundial ya está operativa: Europa alcanza las 90 a 95 semanas, mientras que en África y Oriente Medio aspiran a las 110 semanas. América Latina puede inspirarse en ello para estandarizar estos ciclos prolongados y reforzar su competitividad.
Retos zootécnicos: el peso corporal como cimiento
La prolongación del ciclo no está exenta de riesgos. Los datos de campo evidencian tres grandes desafíos al alargar la vida del lote: una posible caída brusca de la tasa de postura, un aumento del tamaño del huevo que fragiliza la cáscara, y una mayor vulnerabilidad inmunológica y ósea de la gallina.

*Fuente: Metaanalisis de datos a partir de Aviperf Layer, Línea Brown entre 2018 y 2026
¿Cómo mitigar estos riesgos? La respuesta se encuentra al inicio de la fase de producción. Como demuestra el análisis de la base de datos WeFeed Layer de Techna (que agrupa el seguimiento de más de 500 lotes), el peso medio a las 20 semanas es el fundamento esencial para una buena persistencia de la postura.
El estudio de las curvas de crecimiento revela que las gallinas mantienen la “jerarquía” de sus pesos medios a lo largo de toda su vida. Los lotes clasificados como “pesados” al inicio de la postura muestran sistemáticamente una mejor persistencia que los lotes “ligeros”. Aún más revelador: los lotes de gallinas ligeras que presentan una madurez sexual demasiado precoz (alta tasa de postura temprana a las 20 semanas) sufren las peores caídas en la persistencia al final del ciclo.
Palancas nutricionales: asegurar el desarrollo temprano (el enfoque Techna)
Para lograr gallinas robustas capaces de producir 500 huevos, el gran desafío zootécnico tras el traslado a la caseta de producción es fomentar el consumo de alimento. El ave debe pasar rápidamente de consumir 70 g a más de 110-115 g por día.
Nuestros ensayos y la experiencia empírica destacan tres ejes nutricionales fundamentales para estimular esta ingesta y asegurar la ganancia de peso (GMD) entre las 18 y las 28 semanas. El siguiente cuadro resume el impacto de estas estrategias:
Palanca nutricional | Objetivo técnico | Impacto estimado en consumo |
Control de granulometría | Evitar la acumulación de partículas finas en el comedero. | Prevención de caídas de -3 a -5 g por gallina/día. |
Uso estratégico de aceites | Aumentar de 0.5 % a 2 % para mejorar la aceptación y reducir el polvo. | Incremento directo de +2 a +2.5 g por gallina/día. |
Equilibrio proteína/energía | Ajustar lisina digestible y energía para cubrir crecimiento y mantenimiento. | Asegura la curva óptima de peso (GMD) estructural. |
La proteína es el pilar de la ganancia de peso estructural, teniendo una relación directa entre la ganancia de peso de las 18 a 28 semanas y la ingesta proteica acumulada. Asimismo, no se debe subestimar el requerimiento energético para el crecimiento después del traslado. Alrededor de las 20-25 semanas, la energía consumida debe cubrir el mantenimiento, la rápida formación de la masa del huevo y, crucialmente, el crecimiento corporal continuo de la joven ponedora.
💡El consejo de Techna
● Monitoreo constante: El pesaje regular y riguroso de las pollonas es innegociable. Utilice herramientas de ayuda a la decisión (como Aviperf Pondeuse) para tener una alta reactividad zootécnica.
● Gestión de la transición: Aplique dietas de prepostura y fases iniciales altamente palatables para cruzar el umbral crítico de consumo posterior al traslado.
● Calidad de cáscara a largo plazo: Un ciclo de 100 semanas exige un programa nutricional que acompañe la mineralización del esqueleto desde la fase de recría y controle rigurosamente la evolución del calibre del huevo en las fases tardías para evitar huevos gigantes y frágiles.
Alcanzar la meta de 500 huevos por gallina alojada es hoy una meta realista que asegura la viabilidad económica en un entorno de mercado volátil. No obstante, este logro no es fruto del azar, sino de una inversión estratégica en la calidad de la pollona, una nutrición milimétrica en la fase de pico y un seguimiento técnico continuo.
Para más detalles sobre las fuentes de este artículo y cómo adaptar los programas nutricionales y optimizar la persistencia de sus lotes, contacte a Valentin Theneau, Poultry Specialist del Groupe Techna.




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